Una previa pesimista, un partido loco y una eliminatoria abierta
Real Madrid y FC Bayern disputaron ayer la ida de los cuartos de final de la UEFA Champions League. Tras la derrota del conjunto madrileño en Son Moix el pasado sábado, las dudas en torno al equipo estaban más que justificadas. Las sensaciones no eran buenas. Posiblemente, el equipo de Arbeloa perdió LaLiga en Mallorca y, por si fuera poco, tres días después le esperaba el conjunto más goleador de Europa.
El pesimismo era evidente: “mañana el Madrid estará eliminado”, “no van a llegar vivos a Múnich”. Ese era el clima horas antes del encuentro.
UN PARTIDO SIN CONTROL
Al comienzo de la segunda parte, tras el golazo de Harry Kane, esos temores empezaban a tomar forma. El conjunto alemán ampliaba a dos goles la ventaja en el marcador. Todo apuntaba a que los de Kompany no iban a renunciar a finiquitar la eliminatoria en Madrid. Este Bayern no especula: cuando marca dos goles no cambia el planteamiento. Si puede hacerte seis, no duda. Huelen la sangre y no tienen piedad.
La realidad, sin embargo, fue muy distinta. Y no solo en la segunda parte. Durante todo el partido, ambos equipos concedieron muchas ocasiones a su rival. No es que el Bayern generara grandes oportunidades; es que el Madrid se las regalaba. Las imprecisiones convirtieron el encuentro en un ida y vuelta constante, muy atractivo para el espectador neutral. Las cifras lo reflejan: ambos equipos realizaron 20 disparos; el Madrid, 9 a puerta, uno más que el Bayern. ¿Hace cuánto que no vemos un partido de este nivel con semejante volumen ofensivo por parte de ambos?
Más allá de lo colectivo, el partido se decidió en varios duelos individuales.

En el Bayern, Olise fue uno de los principales generadores de peligro, especialmente en conducciones que rompían líneas y activaban las transiciones. Encontró ventaja con frecuencia en el uno contra uno y fue un problema constante para la defensa del Madrid. Luis Díaz, por su parte, tuvo una presencia continua en campo rival, participando en numerosas acciones ofensivas, aunque sin el acierto necesario, que tanto le caracteriza, en los metros finales. En la base de todo, Kimmich aportó continuidad y orden en los momentos de mayor descontrol, sosteniendo al equipo en la salida y en la gestión de la posesión.
En el Real Madrid, la defensa volvió a dejar dudas. Concretamente, Álvaro Carreras vivió una noche especialmente complicada, superado en varias fases del partido y, en particular, en el duelo directo con Olise.
UN GOL PARA CREER
Tras el gol de Kane, cuando parecía que se abría una brecha definitiva, el Madrid reaccionó. Generó ocasiones, aunque volvió a fallar en la definición. Y gran parte de esa ineficacia tiene un nombre propio: Manuel Neuer. El portero alemán sostuvo al Bayern en los momentos de mayor presión del Madrid, firmando una actuación sobresaliente, con intervenciones de mucho valor.
A falta de veinte minutos, Mbappé recortó distancias y dejó viva la eliminatoria. Todo queda abierto para el próximo miércoles. Sin duda, será otro gran partido. Es cierto que el Real Madrid lo tiene complicado en el Allianz: llega por detrás en el marcador, ante uno de los tres mejores equipos del mundo y obligado a remontar. Pero es la Champions y todos sabemos lo que eso significa para este equipo.
