Dolor, orgullo y futuro
El Atlético de Madrid se quedó a un paso de la final de la Champions League tras caer por la mínima en Londres frente al Arsenal. Un gol de Saka justo antes del descanso decidió una eliminatoria marcada por la polémica arbitral, las ocasiones desperdiciadas y la sensación de que el conjunto del Cholo volvió a competir de tú a tú ante uno de los gigantes de Europa.
Hace apenas una semana, el Metropolitano esperaba una batalla completamente distinta a la otra semifinal. Mientras PSG y Bayern firmaban un espectáculo descontrolado lleno de goles, Atlético y Arsenal construyeron una eliminatoria mucho más táctica, física y cerrada. En Madrid terminó 1-1, en Londres 1-0 y, sin embargo, el fútbol volvió a demostrar que los detalles pesan más que cualquier sensación.
EL ARSENAL IBA A TENER EL BLAÓN, EL ATLÉTICO EL PLAN
El Atlético salió al Emirates con una idea muy clara: resistir, esperar el error y aprovechar sus momentos. Sabía perfectamente quién iba a tener la posesión y quién iba a marcar el ritmo del partido. El Arsenal iba a tener el balón y el Atlético el plan.
Durante los primeros 45 minutos, los de Arteta movían la pelota con paciencia intentando encontrar espacios ante un equipo rojiblanco muy ordenado. El Atleti esperaba su oportunidad para correr y tuvo alguna aproximación peligrosa durante la primera mitad. Una llegada de Julián Álvarez que se marchó fuera y otra acción de Giuliano Simeone que terminó en córner fueron algunos de los primeros avisos.
Pero cuando el descanso parecía inevitable apareció el golpe más duro posible. En el descuento del primer tiempo, un disparo lejano terminó rechazado por Oblak dentro del área y Saka, atento al rebote, empujó el balón a la red con el portero ya completamente vendido. Este gol iba a cambiar el escenario del partido.

POLÉMICA, IMPORTENCIA Y UN ÁRBITRO SUPERADO
El segundo tiempo dejó la sensación de que el Atlético estaba preparado para competir hasta el final. También dejó una actuación arbitral difícil de explicar.
Resulta cuanto menos extraño que UEFA designara a un árbitro alemán para una eliminatoria que afectaba directamente al coeficiente UEFA entre España y Alemania por las plazas europeas de la próxima temporada, pero más allá del contexto, lo realmente preocupante fue lo que ocurrió sobre el césped.
La primera gran polémica llegó tras un balón largo de Oblak. Giuliano ganó la espalda a Calafiori y, ya dentro del área, recibió un empujón clarísimo con las dos manos cuando el defensa italiano se desentendía completamente del balón. Siebert señaló fuera de juego.
Lo extraño no fue únicamente la decisión. Lo verdaderamente incomprensible fue que la retransmisión no ofreciera ni una sola repetición de la acción. Ni una. En un deporte repleto de cámaras, tecnología y VAR, la ausencia total de imágenes solo alimenta las dudas.
Y las dudas se transformaron en indignación cuando, tras el partido, Giuliano publicó una imagen del momento exacto en el que Oblak golpeaba el balón. En ese frame, el argentino aparecía todavía en su propio campo. No había fuera de juego.

La polémica no terminó ahí. Ya en la segunda mitad, Giuliano volvió a plantarse frente a David Raya tras un error defensivo del Arsenal. Recortó al portero y, cuando encaraba portería vacía, Gabriel le ganó la posición sujetándole claramente del hombro y desestabilizándolo. Una acción gris, sí, pero suficientemente discutible como para que, al menos, hubiera revisión.
Poco después llegó otra jugada todavía más difícil de entender. Calafiori pisó claramente a Griezmann dentro del área, pero el colegiado señaló una supuesta falta previa de Pubill en ataque. Una falta inexistente que, casualmente, anulaba cualquier posible intervención del VAR.
El problema no fue solo la decisión. El problema fue el momento. Siebert no señaló la infracción hasta que Griezmann ya estaba en el suelo. Básicamente, se lavó las manos.
Y por si faltaba algo, el añadido terminó desesperando al Atlético. El árbitro concedió cinco minutos pese a todas las interrupciones de la segunda mitad, pero lo más grave llegó después: de esos cinco minutos apenas se jugó realmente minuto y medio.
El Arsenal hizo exactamente lo que cualquier equipo haría en una semifinal de Champions que va ganando: perder tiempo, enfriar el partido y provocar interrupciones constantes para sacar del contexto al equipo rival. El problema no es que un equipo haga eso. El problema es que el árbitro lo permita.
EL FÚTBOL NO ENTIENDE DE MÉRITOS
Ahora bien, quedarse únicamente en el arbitraje sería injusto con la realidad de la eliminatoria.
El Atlético también cayó porque perdonó demasiado. Y en Champions eso se paga.
Loockman tuvo dos ocasiones clarísimas en la ida. Griezmann estrelló otra en la cruceta y Giuliano perdonó una acción clarísima en Londres. Y Sorloth, recién entrado al campo, dejó escapar una de esas oportunidades que separan a los campeones del resto.
El fútbol no entiende de méritos. Entiende de contundencia.
El Atlético de Madrid compitió como un gigante, pero definió como un equipo chico.
Y el mejor ejemplo de ello fue precisamente la semifinal de Copa del Rey frente al Barça. Allí, el conjunto colchonero necesitó apenas una gran media hora para marcar cuatro goles y dejar prácticamente sentenciada la eliminatoria. No dominó los 180 minutos, pero sí fue contundente. Mucho más que el Barça.
Esta vez ocurrió justo lo contrario.
DAVID CONTRA GOLIATH
La lesión de Julián Álvarez terminó condicionando completamente el tramo final del partido. Simeone tenía preparado el cambio de Griezmann por Sorloth, pero la lesión del argentino le obligó a quitar a sus dos futbolistas más diferenciales prácticamente al mismo tiempo.
Y ahí el Atleti perdió todo el talento ofensivo que le quedaba sobre el césped.
Sorloth volvió a transmitir una preocupante sensación de desconexión, mientras el Arsenal respondía desde el banquillo con jugadores como Martinelli, Madueke, Odegaard o Zubimendi. Ahí también se explica gran parte de la eliminatoria.
La distancia entre el once titular del Atlético de Madrid y sus suplentes sigue siendo enorme. Mucho mayor que la de otros gigantes europeos.

DUELE, PERO EL FUTURO ILUSIONA
La eliminación duele. Y mucho. Pero ningún atlético debería sentir vergüenza de este equipo. Hace apenas un año el Atlético firmaba un final de temporada desastroso. El inicio de este curso tampoco invitaba precisamente al optimismo. Derrotas en Cornellà y Mendizorroza, tropiezos inesperados en casa y un Mundial de Clubes bochornoso dejaron muchísimas dudas alrededor del proyecto.
Por eso, viendo de dónde venía el equipo, alcanzar una final de Copa y unas semifinales de Champions no puede interpretarse como un fracaso.
¿Debería el Atlético haber ganado esa final contra la Real Sociedad? Sí. ¿Debería haber competido mejor LaLiga hasta el final? También. Pero esta temporada es para sentirse orgulloso.
Sí, el Atlético ha dejado escapar la Liga demasiado pronto. Sí, todavía necesita más plantilla, más contundencia y más regularidad para competir absolutamente por todo. Pero también hay motivos evidentes para creer.
Julián Álvarez, Giuliano, Baena y muchos otros representan una base joven, ambiciosa y con muchísimo margen de crecimiento. El proyecto vuelve a transmitir ilusión y, como dijo Koke tras el partido, el futuro de este equipo ilusiona.
El Atlético cayó en Londres. Cayó con polémica, con rabia y con la sensación de haber estado muy cerca. Pero volvió a caer de pie.
