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El de siempre, para siempre

Esta madrugada debutaba la selección argentina en Kansas City, Estados Unidos. Lo hacía como campeona del mundo, cuatro años después de tocar el cielo en Catar. En diciembre de 2022, Leo Messi conquistó por fin el título que había perseguido durante toda su carrera. Muchos pensaron entonces que aquello era el cierre perfecto, el último gran capítulo de una historia irrepetible. Sin embargo, cuatro años después, el argentino sigue jugando como si todavía tuviera algo que demostrar.

EL ESTRENO DEL CAMPEÓN

Fueron pocos, pero afortunados, los aficionados que se quedaron despiertos hasta las tres de la madrugada para ver el estreno más esperado del Mundial. El partido no tardó en agitarse. En los primeros minutos hubo goles anulados, acercamientos en ambas áreas y una sensación clara: Argelia no había llegado a Estados Unidos para mirar cómo Argentina defendía su corona.

Pero a Leo eso no le gustó demasiado. En el minuto 17, tras recibir un pase de Rodrigo De Paul, Messi encontró espacio en la frontal y sacó un derechazo seco desde fuera del área para abrir el marcador. No fue el gol más limpio de su carrera, ni probablemente el más estético, pero sí uno de esos tantos que explican muy bien lo que sigue siendo Messi: un jugador capaz de convertir una jugada aparentemente controlada en un problema irresoluble para el rival.

Con ese gol, además, se convirtió en el segundo hombre en marcar en cinco Copas del Mundo distintas. Otro récord más para una lista que hace tiempo dejó de parecer humana.

Argentina, aun así, no terminó de cerrar el partido en la primera parte. De hecho, los últimos minutos antes del descanso fueron probablemente los mejores de Argelia. El equipo africano consiguió instalarse durante algunos tramos en campo argentino, tuvo más presencia cerca del área del Dibu y obligó a la campeona del mundo a defender con más atención de la prevista. No hubo acierto, pero sí aviso.

Leo Messi levanta el puño como capitán de Argentina durante el Mundial 2026.
@Argentina en X | Leo Messi volvió a liderar a Argentina en una noche histórica para su carrera mundialista

LA SENTENCIA DE SIEMPRE

Ya en la segunda mitad, cuando el partido todavía no estaba completamente sentenciado, apareció de nuevo Messi. En el minuto 60, tras un disparo desde fuera del área de Mac Allister, Leo recogió el rechace dentro del área y definió con una tranquilidad impropia de un estreno mundialista. Era el segundo de Argentina y también el segundo de su noche y todavía no había terminado.

Quince minutos después, Messi completó su hat-trick y cerró definitivamente el encuentro. Con ese gol, igualó a Miroslav Klose como máximo goleador histórico de los Mundiales. Es una barbaridad. No solo por la cifra, sino por el contexto: 38 años, sexto Mundial, vigente campeón del mundo y todavía con la capacidad de decidir un partido desde todas las zonas del ataque.

Leo Messi ataca el área de Argelia durante el partido del Mundial 2026.
@Argentina en X | Leo Messi vuelve a marcar en una de las acciones ofensivas de Argentina ante Argelia

MUCHO MÁS QUE TRES GOLES

Leo, considerado por muchos prácticamente retirado desde su llegada al Inter de Miami, sigue empeñado en desmontar cualquier duda. No se detiene a la hora de romper récords, continúa marcando goles y vuelve a dejar claro que, más allá del contexto, su cabeza sigue funcionando a una velocidad distinta a la del resto. Sigue interpretando el juego antes que los demás, ya sea para asociarse, acelerar una jugada o acercar a sus compañeros a la portería con esos pases que todavía es capaz de filtrar en el último tercio del campo.

Porque lo realmente extraordinario no es solo el hat-trick. Lo extraordinario es que, incluso firmando tres goles en un Mundial con 38 años, su partido puede explicarse por mucho más que la estadística. Cuando Argentina necesitó pausa, la encontró en él. Cuando necesitó profundidad, también. Y cuando necesitó sentencia, apareció de nuevo.

Es cierto que Luca Zidane pudo hacer más en alguno de los goles. Sería absurdo negarlo. Pero reducir la actuación de Messi a errores del portero sería quedarse en la superficie.

@Argentina en X | Messi celebra uno de sus goles ante Argelia en el debut de Argentina en el Mundial 2026

UNA NOCHE PARA LA HISTORIA

Leo Messi volvió a convertir una noche aparentemente más en una noche histórica. Se convirtió en el primer hombre en disputar seis Copas del Mundo, firmó el hat-trick más longevo de la historia de los Mundiales masculinos, igualó a Klose en la cima de los goleadores históricos y reforzó una idea que ya venía instalándose desde Catar: su relación con el Mundial ha cambiado para siempre.

Durante años, la Copa del Mundo fue una carga. Un examen permanente. El argumento de quienes necesitaban poner un asterisco a su carrera. Lo que antes le pesaba, le perseguía o incluso amenazaba con empequeñecer su figura, hoy parece haberse transformado en un escenario de disfrute. Messi ya no juega el Mundial contra su propia historia. Lo juega desde la libertad de quien ya lo ganó todo, pero conserva intacta el hambre competitiva.

Como apuntaba Álex de Llano en La Pizarra de Quintana, desde el tramo final del Mundial de Catar, Messi ha concentrado la mitad de todos sus goles mundialistas. La reflexión ayuda a entender este nuevo vínculo. Antes, el Mundial era la gran cuenta pendiente. Ahora es el lugar donde Messi, liberado de esa losa, está escribiendo algunos de los capítulos más impresionantes de su carrera.

Jugadores de Argentina celebran la victoria ante Argelia en el Mundial 2026.
@Argentina en X | La selección argentina saluda a la afición tras su victoria ante Argelia en el estreno mundialista

EL CAMPEÓN AVISA

Argentina arrancó esta edición del Mundial a lo grande. Ganó, convenció y recordó por qué sigue siendo una de las grandes favoritas. Queda muchísimo, evidentemente. Un debut no gana una Copa del Mundo. Pero tampoco conviene subestimar a un equipo que compite desde la memoria reciente del campeón y desde la vigencia de un futbolista que se resiste a aceptar el paso del tiempo.

Messi no juega contra Argelia, Austria o Jordania. Messi juega contra la historia. Y lo más increíble es que, casi siempre, termina ganando.

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